La Cuaba, Pedro Brand.- En una granja familiar en La Malena, en el distrito municipal de La Cuaba, Pedro Brand, Nilka Rodríguez se dedica a la crianza de pollos. Un oficio del que se enamoró a través de su padre y aprendió “instintivamente” viendo a su progenitor trabajar durante casi cuarenta años.

“Yo que me la doy en guapa, mi papá me dijo ¡no te metas en eso! ¡Eso no es negocio para cualquiera! y yo le dije que me diera la oportunidad”, dice a elCaribe. “Mi papá me enseñó la ingeniería de la crianza: como van alineados los bebederos y los comederos, en una forma adecuada, es una combinación”, añade.

La emprendedora tiene una producción de 10 mil aves, aunque su granja tiene capacidad para 15 mil. Realmente el negocio es complicado, según valora Nilka, porque demanda mucho tiempo, cuidado, inversión y la incertidumbre que produce la fluctuación del precio del ave.

“Esta producción que tú ves aquí, lleva una inversión de un millón dos cientos mil pesos desde el día que ellos nacen hasta lograr vender ese pollo seis semanas después. Entonces la inversión debe ir acorde con el precio para la venta, pero a veces el precio se desploma porque hay abundancia”, señala mientras le muestra las naves al equipo de reporteros que se trasladó hasta las agradables montañas de La Cuaba.

La granja está dividida en tres grandes naves donde Nilka distribuye las especies a medida que van creciendo y una cuarta que está habilitando para ampliar su producción. El clima fresco de La Malena, le favorece para que en esta época de verano, las aves no sufran golpe de calor y pierda en la producción.

“También este negocio, porque tú ves la estructura en la que se hace, no puede ser muy edificada porque ellos necesitan aire fresco para su crecimiento y que el calor no les afecte. Pero cuando viene la temporada de lluvia, la temporada ciclónica, también el agua te puede afectar la crianza. A mi papá le afectó mucho varios ciclones”, recuerda.

El suelo de la nave está cubierto de paja de arroz, que junto a la cal sirve de aislante. Para Nilka la higiene y la calidad de su producción son primordiales. “Antes de iniciar nuestra producción, se desinfecta primero, con químicos, se le pone cal, barro al piso y luego la pajilla de arroz que protege que el pollo no pise en la tierra directamente, porque con los desechos que cae de alimentos, de materia fecal, se puede contaminar. El olor que sientes es la combinación de la cal con los alimentos. Puede ser molestoso, pero a mí me huele a dinero. Este es un negocio productivo si al momento de la venta el precio es el adecuado”, enfatiza.

“Cuando yo recibo mis pollitos bebés, siento que tengo diez mil bebes y los veo desarrollarse, revisando si les falta el agua, alimento. El día que yo no puedo venir hasta la granja llamo a Papo para ver cómo amanecieron mis bebés”, dice.

Papo es el cuidador de la granja, que tiene un año trabajando con Nilka y vive en la propiedad junto a su esposa e hijos. Para ambos, se trata de un trabajo digno que realizan con entrega.

“Este es un trabajo que no es frecuente tu ver a mujeres, requiere mucha entrega, hay que asumir riesgos y mira el ambiente donde uno se desenvuelve. Pero cuando se va a emprender hay que mirar a lo que queremos lograr”, afirma.

Nilka tiene claro que cuando se trata de emprender, no todo es color de rosas y a veces se llora, aunque siempre hay que resurgir. “Para aprender hay que pagar, cuando decidimos emprender pagamos con los errores que cometemos y viene la experiencia. Mi primer fracaso fue el año pasado, yo con mis pollos estupendos y perdí la mitad del capital. Acudí a mi papá y me recomendó bajar la producción mientras reencaminaba el negocio”, manifestó.

Aunque muchas personas le auguraron que no podía, en su camino, según relata, nunca ha faltado la mano amiga de gente que sí creyó en su proyecto.

“Dios se ha encargado del proyecto y ha puesto ángeles que no han faltado. Personas que me han colaborado con el mayor amor y la mayor sinceridad, se han involucrado, me han asesorado, son personas que Dios ha puesto en mi camino”.


Por Suedi León
25 de agosto 2019