Cuando aquí hablamos de ética nos referimos a actitudes, comportamientos o prácticas de vida que persiguen el bien.

Hecha esta precisión podemos decir que un primer e importante rasgo de la crisis ética en la sociedad dominicana es la posesión por parte de muchas personas de una noción confusa o ambigua, acerca de lo que es el bien, de lo correcto.

El dominio de la ideología neoliberal ha llevado a concebir como debilidad la falta de ofensiva, la falta de agresividad en las relaciones, en los negocios, a asociar la falta de “viveza” con el “pariguayaje”.

Así, si una persona ocupa una posición burocrática encumbrada y no “aprovecha” es porque “es un tonto”. Si un individuo trabaja duro para el ascenso al poder de un partido político, se entiende que tiene todo el derecho a un buen empleo, independientemente de su preparación para entrar al tren burocrático.

El sociólogo Zygmunt Bauman al hablar de la “sociedad líquida” ha apuntado la rapidez con que fluyen los hechos, los fenómenos, en las sociedades de hoy, dando lugar a procesos e ideas poco estables y consistentes. Esto conduce, en la opinión de algunos, a lo que denominan “equivocación de los sentidos”.

Otro rasgo presente en lo que denominamos crisis ética es la disminución de la sensibilidad individual y social. Tal pérdida de sensibilidad suele ser asociada al individualismo, así como a lo que muchos identifican como una marcada reducción en la “capacidad de asombro”.

En nuestro país ocurren diversos acontecimientos que debieran sacudirnos a todos. Basta un botón para identificar esos acontecimientos: los feminicidios. Sin embargo, su habitual repetición hace que ya muchos los vean como otros sucesos más, de los tantos que ocurren.

Otra manifestación extremadamente importante, caracterizadora de nuestra crisis ética, es la tendencia creciente hacia la subestimación de la vida humana, expresada en fenómenos como el crecimiento de la violencia criminal, en la tasa de homicidios (en el año 2018 se registró una tasa de homicidios de 13.5 por cada 100,000 habitantes, según la Oficina de Estadísticas y Cartografía de la Policía Nacional) y la gran cantidad de accidentes de tránsito con consecuencias fatales ocurridas en el país (en 2017 hubo 1,418 muertes por accidentes de tránsito).

Actuar de manera fraudulenta, incurrir en el engaño, en la falacia, en la conducta mendaz, en la protección de lo mal hecho (impunidad), así como incurrir en el irrespeto al derecho ajeno y a la ley justa, son graves expresiones de nuestra crisis ética.

Y también es expresión de la misma el desbordado afán por el dinero, por el poder. El deseo de “tener” a toda costa, sin importar medios. Estas conductas y aspiraciones son raíces de horrorosos males y prácticas en nuestra sociedad actual.

Frente a nuestra crisis ética, la familia, la escuela, la universidad y muchas otras instituciones, tienen un enorme trabajo por delante.

Por Celedonio Jiménez
21 de noviembre 2019