El sábado 4 de febrero de 1968, a las 4:00 de la mañana, unos veinte policías comandados por un capitán, realizaron un aparatoso allanamiento en una vivienda del sector de Herrera, en la ciudad de Santo Domingo, donde apresaron al dirigente izquierdista Pablo Virgilio Gómez Suardí, alias Billo, de 27 años, junto a su amigo Roberto Solano, en una acción represiva que despertó y alarmó a sus vecinos, los cuales con acentuada prudencia y natural curiosidad por el inusual patrullaje policial, clavaron sus ojos en el operativo que se ejecutaba en el área.

Billo era dirigente del Movimiento Revolucionario 14 de Junio y tenía poco tiempo alojado en la casa allanada, donde residía su esposa Rhina Soto y su bebé de once meses, y él acababa de regresar del extranjero donde estuvo durante más de un año entre Francia y Cuba, forzado por la circunstancia de ser un perseguido político del gobierno dominicano.

Ese hostigamiento se manifestó el lunes 4 de enero de 1967, cuando el presidente Joaquín Balaguer pronunció un discurso radiado y televisado mediante el cual acusó a la organización política a la que pertenecíaBillo de idear un plan subversivo para desestabilizar la nación. Esta denuncia desató la persecución política del joven dirigente catorcista y marcó el destino de su compañero de lucha y guerrillero solitario, Orlando Mazara, abatido un mes más tarde por tropas del Ejército durante la madrugada del 11 febrero en el paraje La Horma de San José de Ocoa.

La detención de Billo en su hogar, a los 14 días de su regreso clandestino a Santo Domingo, era una prueba fehaciente de la vigilancia de que era objeto por parte de la Policía que andaba detrás de su ubicación territorial, averiguando las actividades que realizaba junto a otros políticos exiliados en Europa, México y Cuba, para confirmar la veracidad de la documentación suministrada por su Servicio Secreto y la Dirección Nacional de Investigaciones, y los informes preparados por asesores de seguridad de varias embajadas extranjeras en Santo Domingo, sobre su nexo con los brotes de violencia que estremecían el país.

La Policía quería comprobar esa imputación y el rol del dirigente izquierdista en los planes guerrilleros del coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, quien desapareció del escenario público el 23 de octubre de 1967 desde el puesto de agregado militar en la embajada dominicana en Londres y mientras estaba en un centro recreativo de la ciudad de La Haya, Holanda, compartiendo con antiguos compañeros de armas a quienes dejó sin despedirse, al salir de ahí sigiloso con rumbo ignorado, eludiendo incluso una reunión familiar que había planeado sostener con su esposa y sus hijos, quienes estaban relativamente cerca, situados en Madrid, capital española.

Los organismos de seguridad del Estado sospechaban que Caamaño se había trasladado a Cuba, donde el 31 de julio de ese año se había iniciado la creación de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS), compuesta por partidos y movimientos políticos de izquierda, en un acto presidido por el doctor Armando Hart Dávalos, antiguo ministro de Educación de Cuba y Ernesto “Che” Guevara, presidente de honor, quien sustentaba la alternativa insurreccional de la guerrilla como método de lucha para realizar -desde el campo a la ciudad- la revolución de liberación nacional.

La Policía no estaba despistada en torno al paradero del antiguo jefe del gobierno constitucionalista que había resuelto residir secretamente en La Habana, donde variaría su credo militar y asumiría la táctica foquista implementada por el Che, recién ultimado en Bolivia. Caamaño, respaldado por el gobierno cubano, pudo establecer en su territorio un campamento de entrenamiento militar por donde pasarían -en su etapa inicial- muchos dominicanos con vocación de lucha revolucionaria que deseaban incorporarse a su grupo “Los Palmeros”, para llevar hacia adelante la riesgosa empresa de la insurgencia armada en las montañas quisqueyanas.

Pablo Virgilio Gómez Suardí se relacionó con Los Palmeros en los días finales de 1967, durante su primera visita a Cuba representando a Amaury Germán Aristy, figura principal de los Comandos de la Resistencia y miembro del buró político del Movimiento Revolucionario 14 de Junio, quien había estado poco antes (en agosto de 1967) en la isla fascinante, participando en la primera conferencia de solidaridad de los pueblos de América Latina, que lo eligió vicepresidente de la Olas.

En ese entonces, Billo realizó tareas especiales en el extranjero en busca de respaldo internacional para la causa política de la izquierda dominicana, puesto que su nueva organización clandestina se había constituido en el refuerzo principal de la estrategia de Caamaño en Santo Domingo, con el compromiso de crear células paramilitares en la zona urbana para ejecutar acciones desestabilizadoras contra el régimen de Balaguer.

Es ahí donde se incrementa el interés de la Policía Nacional por este aguerrido revolucionario, al que considera como un “peje gordo” de la izquierda que debe ser apresado e investigado sobre los sucesos violentos que se estaban registrando en las ciudades más grandes del país, supuestamente alentados por partidarios de Caamaño.

Billo tenía fama de luchador sin miedo, adquirida durante la guerra patria de 1965 por su desenvolvimiento en la academia militar 24 de Abril, orientado por su instructor y compañero catorcista Héctor Homero Hernández Vargas, quien lo ayudó a perfeccionar las técnicas del correcto manejo de las armas, que lo convertirían en un personaje de leyenda en Villa Francisca, admirado por los jóvenes de ese sector de la capital por sus muestras de valentía desplazándose a diario de un lugar a otro con una ametralladora en la mano, siendo ejemplo a seguir de otros combatientes en aquella jornada histórica.

Hay que advertir que la relación personal de Homero y Billo venía desde antes de la guerra de abril, fortalecida en su lucha contra el gobierno de facto del Triunvirato que los persiguió y les hizo un expediente judicial, como consta en la sentencia emitida el 18 de enero de 1965, tres meses antes del estallido bélico, por el doctor Fernando A. Logroño, juez presidente del juzgado de Instrucción de la 1ra. Circunscripción del Distrito Nacional, que los inculpa a ambos junto al nombrado Wenscelao Rodríguez Jiménez (Lao), en la tentativa de homicidio en perjuicio de varios oficiales de la Policía Nacional que viajaban en una guagua, placa No. 1594, en la tarde del 1 de marzo de ese año, haciendo estallar una granada, aparte de portar armas de fuego. Los tres fueron declarados prófugos de la justicia y enviados por ante el tribunal criminal, por violación al artículo 335 del Código de Procedimiento Criminal.

La desaparición de Billo. Después del espectacular arresto de Pablo Virgilio Gómez Suardí, en la madrugada del 4 de febrero de 1968, sus familiares fueron al cuartel general de la Policía a averiguar dónde lo habían recluido, pero se encontraron allí con la inesperada sorpresa de que, en las cárceles de la capital, su nombre no aparecía en las listas de detenidos de ese día, aun cuando su amigo Roberto Solano Rodríguez, igualmente apresado durante el referido allanamiento, fue localizado encerrado en la penitenciaría nacional de La Victoria.

La asombrosa negativa policial sobre la detención del joven izquierdista fue sostenida una y otra vez en los días sucesivos por el jefe de la Policía, general Braulio Álvarez Sánchez, y luego por el propio presidente Balaguer, quien aseguró durante una conferencia de prensa que Billo se encontraba en el extranjero, según los informes de inteligencia que poseía su gobierno.

Esa categórica aseveración del mandatario estaba amparada en datos suministrados por la dirección general de Migración, dando cuenta de que Pablo Virgilio Gómez Suardí, de 27 años y contador público autorizado, había abandonado el país el 31 de enero de 1967 por el Aeropuerto Internacional de Cabo Caucedo, en el vuelo 952 de la compañía aérea curazoleña ALM, portando el pasaporte No. 181965, expedido a nombre de Antonio Martínez Acosta, cédula de identidad personal No. 136271, serie primera, firmado por la señora Brunilda Margarita García de Tatis, funcionaria de la dirección general de Pasaportes.

Pero el mandatario, según parecía, no estaba aún enterado de que Billo había regresado el viernes 26 de enero de 1968, utilizando un pasaporte argentino con el número 4620288, expedido en Buenos Aires el 15 de noviembre de 1966 a nombre del ciudadano bonaerense Ernesto Bernardo Pirogovski, que contenía visado de turista de Estados Unidos y Europa, suministrado durante su estadía en París por miembros del Partido Comunista Francés para que pudiera desplazarse por La Habana, Lisboa, Madrid, Praga, Irlanda y Canadá.

Balaguer tal vez desconocía que ese viernes feriado, dedicado por los dominicanos a honrar el nacimiento del patricio Juan Pablo Duarte, Billo entró a territorio dominicano por el puerto Ozama en calidad de turista proveniente de Puerto Rico y las costas colombianas, a bordo del vapor Satrústegui de la Compañía Trasatlántica Española y llegó acompañado de Héctor Homero Hernández Vargas, quien se instaló también en la zona de Herrera de Santo Domingo, aunque pudo evadir durante largo tiempo la persecución policial.

Probablemente el jefe de Estado, por sus múltiples ocupaciones, no fue informado en ese momento de la entrada clandestina al país de Billo y Homero, lo que pudo haber evitado el escándalo que sobrevendría cuando por vía del propio Homero el país se cercioraría de su regreso.

Esa noticia fue reforzada por una declaración que ofreció Agustín Moisés Blanco Genao, miembro del comité central del Movimiento Popular Dominicano (MPD), asegurando que no era cierto que Billo estuviera en el extranjero porque lo había visto detenido en el palacio de la Policía Nacional el día 7 de febrero.

En la ocasión, Blanco Genao era investigado por presuntas actividades subversivas atribuidas a su partido y estando en el cuartel general de la Policía vio pasar a Billo por el frente de su celda, acompañado de varios agentes que lo llevaban hasta el área de operación del Servicio Secreto, donde fue investigado por el jefe de ese departamento, mayor Francisco Báez Maríñez y su ayudante, capitán Caonabo Reynoso Rosario. Entonces escuchó al prisionero gritar: “¡Duro frente a ellos!”, en alusión a la resistencia que deseaba mostrar en los interrogatorios inhumanos a que sería sometido.

Balaguer debió ponderar esta revelación que fue ratificada por el periódico El Nacional mediante un escrito del periodista Alejandro Paniagua que confirmaba la prisión del dirigente catorcista, según se había enterado por el testimonio confidencial que diera un alto oficial de la Policía a su amigo Eulalio Almonte Rubiera, director del popular noticiario “Noti-Tiempo”, de Radio Comercial.


A consecuencia de esta realidad, los familiares de Billo incrementaron su presencia en los medios informativos, reclamando una investigación del caso por parte del procurador general de la República, doctor Manuel Rafael García Lizardo, y motivando a las entidades defensoras de los derechos humanos para que se manifestaran de modo solidario exigiendo la reaparición del joven catorcista. También, la madre de Billo, señora Carmen Suardí, decidió encabezar una huelga de hambre dentro de la sede de la Cruz Roja Dominicana, acompañada de su nuera Rhina Soto de Gómez, sus hijas Ivelisse, Josefina y Maritza Gómez Suardí, más familiares cercanos como Altagracia Polanco y Carmen Rodríguez.

Esa huelga de hambre se inició el 21 de febrero, extendiéndose hasta el 4 de marzo de 1968, cuando el presidente Balaguer ante el deterioro de la salud de la dama, por no ingerir alimentos durante más de una semana y sufrir reiterados desmayos en el escenario de la protesta, optó por atender su solicitud de audiencia, recibiéndola en el Palacio Nacional, donde volvió a desmayarse cuando subía las escaleras de la casa de gobierno, siendo asistida por el doctor Octavio Rosario García y el médico ayudante Rudyard Corona.

Luego de ese percance, el jefe de Estado conversó con la señora Suardí de Gómez, escuchó su petición de recorrer celda por celda todas las cárceles del país en busca de su hijo, y la autorizó, al final de la reunión, a visitar los recintos carcelarios acompañada de un oficial de su escolta presidencial, el mayor José Ramón Ureña Colón, miembro de la Fuerza Aérea Dominicana. Una hora más tarde, ambos estaban en el cuartel general de la Policía, donde los esperaba el general Álvarez Sánchez para cumplir al pie de la letra la orden de Balaguer, de que ofreciera a la dama las facilidades pertinentes para localizar a su hijo entre las personas apresadas por esa institución.

La localización del joven catorcista dentro del cuartel general de la Policía fue un evento trascendente, narrado por el propio jefe de esa institución, quien declaró a la prensa que cuando madre e hijo se vieron frente a frente hubo “una escena emotiva y sentimental”, que fue sellada con un abrazo.

De inmediato, Billo fue enviado a la penitenciaría nacional de La Victoria, acusado por el procurador fiscal del Distrito Nacional, licenciado Rafael Ravelo Miquí, de falsificación de pasaporte y otros documentos públicos con los cuales viajó al extranjero, iniciándose un juicio en su contra el 6 de marzo de 1968 en el juzgado de la Tercera Cámara Penal, situado en la primera planta del palacio de justicia de Ciudad Nueva.

Ese juicio culminó el viernes 15 de marzo con una sentencia del juez doctor Conrado A. Bello Matos, condenándolo a un año de prisión; dictamen que fue ratificado el viernes 29 por la Corte de Apelación de Santo Domingo, presidida por el doctor José Reyes Santiago, aunque rebatido por los abogados de Billo, doctores Héctor Augusto Cabral Ortega, Rafael Antonio Durán Oviedo, Dagoberto Vargas Alonso y José Santana Peña, quienes recurrieron el fallo en casación ante la Suprema Corte de Justicia.

Billo fue excarcelado a mediados de 1969 y meses más tarde; exactamente el 3 de abril de 1970 fue involucrado en la muerte accidental del joven izquierdista Eleodoro Gómez Castillo (Vidal), militante de los Comandos de la Resistencia, quien ese día recibió en su cuerpo una ráfaga de ametralladora durante un confuso incidente escenificado en la calle 30 de Villas Agrícolas, en la ciudad capital (actualmente la calle Sagrario Ercira Díaz Santiago), donde participaron miembros de la citada organización.

Este suceso fue narrado a los periodistas por el joven Ramón Salvador Escoto (Bingui), testigo ocular y componente de la referida entidad izquierdista, aunque luego sería puesto en sospecha como confidente de la Policía.

Billo vuelve a La Habana. En enero de 1971, estando aún sin aclarar su responsabilidad en la tragedia que costó la vida al joven Vidal, lo que empañó su actuación revolucionaria, Billo volvió a La Habana como representante de los Comandos de la Resistencia que encabezaba Amaury Germán Aristy, quien un año y once meses más tarde moriría en combate junto a sus compañeros Bienvenido Leal Prandy (La Chuta), Ulises Cerón Polanco y Virgilio Perdomo, emboscados por tropas militares en la cercanía de una gruta en el kilómetro 14 ½ de la autopista Las Américas, de Santo Domingo.

En el campamento de Los Palmeros, Billo fue recibido como un héroe por el comandante Román (nombre de guerra de Caamaño), y según la versión de nuestro amigo Julio Antonio Beras Delgadillo, quien era parte de este grupo que se entrenó en Cuba con fines guerrilleros, el coronel de abril lo integró a la dirección y lo convirtió en el cuarto hombre en la línea de mando, sustituyendo a Manuel Matos Moquete, apartado de la tropa por diferencias tácticas con la jefatura.

Esa resolución cayó mal dentro del grupo que creía que el joven catorcista debía pasar primero por un proceso de prueba antes de poseer un alto grado jerárquico, aunque Caamaño tomó la decisión por su contradicción momentánea con la dirección de los Comandos de la Resistencia y porque tenía el propósito ulterior de enviar a Billo a Santo Domingo a reorientar su proyecto bélico, sin calcular el malestar que esa improvisación podía causar en su campamento.

Esa realidad la registra el exguerrillero Hamlet Hermann en su libro “El Fiero”, escrito para resaltar la calidad humana y militar de su compañero de lucha Heberto Giordano Lalane José, cuando señala que con esa resolución Caamaño “empezó a evidenciar una gran consideración por el recién llegado, el cual pasó a ser, por encima de Eugenio (Lalane José), la persona que disfrutaba de su mayor confianza en esos momentos”.

Hermann agrega las siguientes palabras: “Fue en esa coyuntura cuando probablemente Caamaño cometió su mayor error, pues Gómez Suardí lo persuadió para que modificara los planes originales de la guerrilla rural por la guerrilla urbana. La dubitación retrasó los planes por dos años”.

Según nos refiere Beras Delgadillo, natural de Boca de Juma, Bonao, a su llegada a Cuba en enero de 1970, reclutado por el dirigente perredeísta Napoleón Núñez, miembro del comité ejecutivo del partido blanco y parcial de la línea izquierdista de Rafael Gamundi Cordero, el grupo Los Palmeros estaba constituido por 18 personas y un año más tarde se redujo dramáticamente por la indisciplina que se apoderó de sus integrantes luego de la aparición de Billo.

No obstante, se debe apuntar que este grupo en sus inicios llegó a tener más de cincuenta miembros, aunque nunca estuvo monolíticamente cohesionado, porque eran jóvenes revolucionarios con ansias de libertad que no poseían la formación militar de Caamaño y se consideraban con derecho a opinar y contradecir sus decisiones; siendo ello motivo de su breve permanencia en la organización y de que, en algunos casos, como ocurrió con los reconocidos luchadores izquierdistas José Confesor Villa Tavárez y Tácito Perdomo Robles, fueran apresados y acusados de conspiración por cuestionar la dilación cubana en facilitar su traslado a Santo Domingo.

Se debe saber que con la presencia de Billo renació la agitación y la indisciplina dentro de Los Palmeros, debido a que su sorprendente designación como lugarteniente de Caamaño hizo olvidar el aura de héroe que se había creado en Santo Domingo cuando se le vio secuestrado, apresado y torturado en el Servicio Secreto de la Policía Nacional; pues sólo imperó la percepción de “niña bonita” del comandante Román.

Sin duda que la posición en que estaba colocado el joven catorcista Pablo Virgilio Gómez Suardí, era sumamente incómoda, y se agravó mucho más a raíz del incidente que le costó la vida a José Trifolio Santiago, mejor conocido como “Pepito Matacueros”, que ocurrió en un momento de descanso en que manipulaban una pistola y fue accionada por Billo olvidando que estaba cargada. Fue una muerte casi instantánea la de ese joven que era recordado por su protagonismo en el secuestro de un avión en Santo Domingo que fue desviado a Cuba.

Este trágico acontecimiento convirtió a Billo en villano, ya que la mayoría de sus compañeros rechazó la versión oficial del accidente; inclinándose por exigir a Caamaño un juicio severo que jamás se produjo, en el que se considerara el hecho de que tanto la víctima como el victimario eran expertos en el manejo de las armas.

Caamaño evitó que Billo fuera fusilado o que lo metieran en la cárcel, alegando que sería enviado a Santo Domingo a cumplir una importante misión. Pero aun así, la muerte de Trifolio lesionó para siempre el futuro del joven catorcista, ya que no participaría en ninguna acción posterior de Los Palmeros y se le marginaría casi por completo del movimiento de izquierda dominicano, aunque se relacionaría su nombre con acciones violentas ejecutadas por miembros de los Corecatos en Nueva York y Puerto Rico.

La vida trascendente de Billo se apagó en Cuba, donde pasó al anonimato absoluto, aunque en sus años de madurez se convirtió en un discreto millonario, en un hombre de negocios con una próspera bodega en la ciudad de Nueva York.



Por Sebastian del Pilar Sánchez
4 de enero 2020